SL: Si, ya sé, la Navidad acabó con nuestros estómagos hace días, pero es que las navidades alemanas dejan resaca. Y no he podido resistir la tentación de colgar en la blog las fotos de la espectacular pirámide que vimos en Dresden.
JU: Estaba en un mercadillo de navidad, claro, desafiando en metros la vieja tradición. Al principio simplemente eran estructuras piramidales de madera para alojar velas e iluminarlas por la noche; al final la cosa fue puliéndose hasta transformarlas en objetos de culto, barnizadas y laboriosamente trabajadas. Los extremos destinados a las luces se transformaron en figuras talladas.
SL: La idea al encender las velas es producir el calor suficiente para calentar el aire de tal modo que la estructura dé vueltas, ayudada por unas aspas que coronan la cabeza...
JU: Las hay de todos los tamaños: grandes, pequeñas, para colocar como centro de mesa, o esta de la foto que se sirve de un motor para que las figuras se muevan.
SL: En una de las fotos apreciaréis un personaje vestido de negro, se trata del deshollinador, con sombrero de copa y una escalera dorada que le ayuda a trepar.
SL: El deshollinador trae buena suerte en el año nuevo, y lo venden por todo Berlín en las floristerías, pero esta vez clavado en la tierra de una maceta de tréboles.
JU: Una variedad de tréboles de cuatro hojas, con lo cual la suerte parece doblemente asegurada.
SL: Ya os dijimos que esta navidad alemana trae resaca, parece que la cosa no acaba nunca: en un bar del barrio todavía puedes beber Glühwein por 1.50€, hay quien todavía compra los tréboles de la suerte, las aceras todavía tienen restos de petardos y para colmo la ciudad está literalmente inundada de árboles de navidad que la gente ha abandonado en la puerta de casa.
JU: En espera de que se los lleven, llevan ya semanas...
SL: Iremos sorteándolos por las esquinas.
lunes, enero 14, 2008
Pirámide
sábado, diciembre 15, 2007
Dresden
SL: Catedral católica, imponente dama oscura iluminada de noche.
SL: La protestante, triunfante dama pulcra de día.
JU: Esta semana pasada montamos en un coche lleno de alemanes, rumbo a Dresden. Con los ojos en la aguja, la vimos subir y subir, hasta graduarse a 160 km/h.
SL: En las autopistas alemanas no hay límite de velocidad.
JU: Llegamos sin problemas y con la sensación de un pequeño salto.
SL: Bueno, la ciudad es fantástica, una joya barroca llena de historia y rincones por los que perderse. Un casco glorioso, comprimido, denso. Cúpulas, torres y tejados parecen luchar por recortarse en el cielo.
JU: Después del bombardeo que sufrió en el 45, casi al finalizar la guerra, quedó arrasada por completo. Tras la reconstrucción sus edificios han recuperado el brillo y esplendor de otros tiempos.
SL: De sus masivas moles nuestra cámara fue fijándose más en los pequeños detalles, casi sin darnos cuenta.